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La crisis de la COVID-19 ha requerido la implicación en primera línea de profesionales sanitarios capacitados para reorganizar recursos, para tomar decisiones urgentes desde la serenidad y la prudencia, y para buscar fórmulas que permitiesen resolver problemas complejos disponiendo de escasos recursos. Pero, sobre todo, para garantizar los cuidados y la asistencia de calidad a todos los pacientes minimizando el coste humano, social y económico. En este escenario, las enfermeras gestoras han tenido un gran protagonismo.

“Hemos demostrado estar a la altura de las circunstancias. Y no solo hemos destacado por nuestra alta capacidad de resolución de problemas y de gestión de recursos; también por nuestra privilegiada posición en el ámbito de los cuidados, lo que nos ha permitido identificar y abordar problemas, y prever escenarios. Esta realidad ha permitido dejar de manifiesto que el sistema sanitario debe sacar más rendimiento de las enfermeras”. Esta es una de las conclusiones arrojadas durante el seminario web “El papel de las enfermeras gestoras durante la COVID-19”, organizado por la Asociación Nacional de Directivos de Enfermería (ANDE).

Este webinario, seguido en directo por más de 900 personas de diferentes puntos del mundo, ha permitido visibilizar la implicación y el compromiso de las enfermeras gestoras durante la fase álgida de la pandemia desde cuatro perspectivas diferentes: un hospital buque insignia de la sanidad pública, un hospital de campaña, un centro sociosanitario privado y una organización con Atención Primaria y hospitalaria integrada. El objetivo ha sido conocer las experiencias, decisiones y reflexiones de nuestras enfermeras gestoras para tenerlas como referente o para mejorarlas de cara a futuras pandemias para que reviertan en beneficio del paciente”, ha explicado Jesús Sanz, presidente de ANDE y moderador de la charla.

Experiencias en gestión

La experiencia en Atención Primaria ha sido resumida por María Jesús Pérez Taboada, vocal de ANDE en Galicia y directora de enfermería en el Área Sanitaria de Lugo, A Mariña y Monforte. “La enfermera gestora de Atención Primaria ha tenido un papel fundamental tanto con los pacientes con COVID-19 como con el resto de pacientes que seguía ahí, como es el caso de los pacientes crónicos y los pacientes con problemas urgentes. Hemos redoblado y multiplicado la labor de vigilancia y acompañamiento asistencial, funciones que son el eje de nuestros cuidados en una situación normal; pero, además, hemos participado en decisiones que han sido de gran ayuda: la coordinación con el hospital, lo que permitió rapidez de actuación; la creación de un centro de atención al profesional; y la apuesta por la teleasistencia”, explica.

María Andión Goñi, vocal de ANDE y directora de Enfermería del Hospital Universitario 12 de Octubre, ha explicado la experiencia desde su hospital. “Con los primeros casos de pacientes, se creó un Comité de Seguimiento con reuniones diarias y se desarrolló un Plan de Contingencia para adaptar los distintos dispositivos a la evolución de las necesidades asistenciales generadas por la pandemia. Goñi desvela que las nuevas necesidades de recursos humanos generados por la pandemia se han solventado reorganizando las plantillas en tiempo récord con los profesionales existentes y con nuevas contrataciones, reordenándolos en función de sus perfiles profesionales, creando equipos multiprofesionales, y realizando formaciones exprés junto con profesionales expertos, fundamentalmente en el ámbito de los servicios críticos. Resalta que “esta reorganización no hubiera sido posible sin la participación de todos: desde los equipos de limpieza, suministros, ingeniería, equipos asistenciales y por supuesto, nuestras enfermeras gestoras, que en tiempo record, han hecho posible la adaptación del hospital, siendo a su vez referentes y apoyo emocional de  sus colaboradores”.

El aumento exponencial de la curva de contagios llevó a la decisión de instalar hospitales de campaña en diferentes puntos del país. Araceli Tejedor, ex subdirectora de Enfermería del Hospital Río Hortega de Valladolid y vocal de ANDE por Castilla y León, se ocupó de dirigir un hospital de campaña, unas instalaciones levantadas en tiempo récord. La directora de Enfermería de este hospital de campaña extrae las lecciones aprendidas: “En lo que respecta a la organización sanitaria, hemos aprendido lo necesario que es planificar y, en ese sentido, ya se está haciendo, adecuar la formación enfermera a estas nuevas necesidades emergentes que nos han venido.

La gestión de la COVID-19 desde un centro sociosanitario

Las residencias de mayores han sufrido un duro golpe durante esta crisis. Mercedes Ferro, vicepresidenta 1ª de ANDE y enfermera jubilada nombrada como directora provisional de una residencia para personas mayores, lo ha vivido en primera persona desde la dirección de un centro sociosanitario de religiosas con capacidad para 100 residentes. “Para mí fue un auténtico reto por varios motivos, entre ellos, porque de los 40 trabajadores que atendían a esta población vulnerable, el 70% eran trabajadores no cualificados en cuidados. Además, no deja de ser paradójico que, sabiendo la vulnerabilidad de las personas que allí viven, se hayan protegido tan poco a esta población o se haya aceptado que la mejor solución fuera cerrar las puertas de los centros”, explica gestora.

Mercedes Ferro actuó rápido para pasar de una situación caótica a una vuelta a la normalidad: “Hice una aproximación a la realidad recogiendo información e identificando flaquezas, modifiqué el ritmo y el rumbo de la organización, y establecí una comisión de seguimiento, encuentros con trabajadores para escucharles e informarles, formarles sobre el uso del material y reconducir sus actuaciones si era preciso. Aprovechamos el valor extraordinario del voluntariado: dos enfermeras me han ayudado a hacer pero sobre todo a pensar, me enriquecían para seguir trabajando a buen ritmo, para mantener la comunicación con las familias y para planear el plan de desescalada”.

En su opinión, en esta transición hacia la normalidad, los recursos de las enfermeras gestoras facilitaron el camino. “El modelo sociosanitario tiene que cambiar. El modelo ideal en estos centros sería que hubiera una enfermera gestora a cargo de esa gestión. Este perfil profesional demuestra cada día habilidades muy necesarias en los lugares de vida de personas mayores como es saber trabajar en equipo, tener una visión global de las organizaciones sanitarias y sociales, abordar el cuidado desde el máximo respeto a las necesidades de las personas y a sus proyectos de vida y por último ser expertas en gestión de situaciones muy diferentes incluso cuando los recursos son muy limitados”, concluye.

Lecciones aprendidas

Estas cuatro enfermeras se preparan para un posible rebrote haciendo balance de las decisiones tomadas y de las actuaciones llevadas a cabo desde sus respectivos ámbitos. En su opinión, se han demostrado niveles de compromiso y voluntariedad altísimos en condiciones muy difíciles y duras. “Hemos contribuido a doblegar la curva gracias a nuestra capacidad de adaptación para trabajar en un entorno nuevo e imprevisible, nuestra facilidad para trabajar en equipos multidisciplinares, pero, además, hemos demostrado valores determinantes como el apoyo y la cercanía, como profesionales y como personas”, comenta Araceli Tejedor.

En esta misma línea se ha expresado María Jesús Pérez Taboada: “Las enfermeras nos dedicamos a cuidar y nadie lo va a hacer mejor que nosotras. Durante estas semanas hemos demostrado, una vez más, nuestro compromiso y capacidad de reinventarnos. De hecho, ahora mismo somos el referente de tranquilidad de las familias y el imprescindible colchón asistencial que necesitan para alcanzar la normalidad. Saben que cuentan con respaldo y ayuda clínica, pero también humana”, afirma Pérez Taboada.

Estas profesionales han reivindicado el valor de los cuidados profesionalizados en los centros sociosanitarios. “Nuestra capacidad de respuesta ha quedado patente. De hecho, aunque se ha priorizado el valor de la vida, no hemos olvidado dar calidez a nuestros pacientes. Pero debemos seguir trabajando para que los cuidados profesionalizados sean un valor reconocido en la sociedad y para que los centros sociosanitarios estén dirigidos por enfermeras porque tienen el conocimiento y la formación para ello”, insta María Andión Goñi.

Mercedes Ferro lamenta las nefastas consecuencias vividas en los centros de mayores y aboga por desarrollar estrategias de humanización: “Se han hecho muchas cosas bien y las  enfermeras  nos hemos esmerado por atender a nuestros pacientes desplegando nuestra vocación de asistencia personalizada y humana, pero el hecho de que se haya perdido una sola vida en la soledad de una habitación de 14 metros cuadrados, nos obliga a afirmar que no ha sido suficiente. Hay que corregirlo y buscar otras soluciones mejores, que respeten la dignidad humana y que no sea encerrar a los ancianos”.