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Enfermeras de primaria elaboran una guía para mejorar cómo hay que escuchar al paciente. La guía da herramientas de cómo potenciar la escucha, aunque se disponga de poco tiempo, por eso dice: tres minutos de escucha tranquila, parecen diez. Recordando, que lo más importante no es la cantidad de tiempo, sino las ganas que se tiene de escuchar.

En el documento se recogen una serie de consejos sobre por qué hay que escuchar al paciente, y entre otras cosas afirma que es necesaria para establecer una relación de confianza y respeto, para conocer al paciente, para entender cómo ve él su problema de salud y para que el paciente se desahogue.

La guía también describe unas ideas generales sobre cómo debe ser esta escucha, y señala que a pesar de sólo disponer, tal vez de tres minutos, es necesario que se escuche con atención e interés, con empatía, sin interrumpir al paciente, sin escribir mientras se escucha, sin jugar con el bolígrafo, y sentado/a apoyando la espalda en la silla, entre otras consideraciones.

Practicidad de la guía

El documento presenta 7 situaciones concretas que se pueden dar en las consultas, y ante cada una de ellas, la guía explica qué hay que pensar y qué intervenciones hay que hacer para escuchar activamente.

De esta manera “nos encontramos que ante una situación como que el paciente niega su problema de salud, la guía expone como intervenciones: hacerle preguntas abiertas y neutras del tipo “como lleva su situación?”, “Como se siente?”, entre otros, y escucharlo sin decirle qué debe hacer”.

Si el paciente se muestra desanimando, triste o deprimido, el trabajo aconseja: escucharlo en silencio y con empatía, dejar que llore y se exprese, mostrar actitud de acompañamiento sin prisas, y no decirle “anímate”, “no es para tanto “, “tranquilo” o “tenga una actitud más positiva”.

Ante un paciente que no hace el tratamiento, la guía propone: no regañar, no sermonear, pedirle opinión sobre el tratamiento, preguntarle cómo le afecta el problema de salud en su vida cotidiana, preguntarle si tiene otras preocupaciones y escucharlo sin juzgarlo ni opinar.

En el caso de un paciente que tiene ansiedad o miedo, se recomienda: hacer preguntas abiertas y neutras como “¿qué es lo que más le preocupa de todo esto?” o “¿cuándo está más preocupado?”. Ofrecer al paciente la oportunidad de obtener más información, no dar falsas esperanzas, no intentar cambiar sus emociones.

Ante la situación de un paciente que se queja, la guía recomienda: escuchar la queja con tranquilidad, con actitud comprensiva y empática. Darle las gracias por lo que está contando. Si se puede hacer algo para ayudarle, hacerlo, y si no derivarlo o animarle a buscar sus ideas y sus estrategias.

Ante un paciente enfadado, los autores proponen: escuchar con tranquilidad, asentir, no ponerse a la defensiva, no discutir, y decirle que tiene derecho a sentir rabia.

Finalmente, la guía aporta tres intervenciones en caso de que se acabe el tiempo de visita, expone que hay que decirle suavemente: “le agradezco que haya compartido conmigo su situación”, “siento no tener más tiempo, pero espero que en otro momento me pueda explicar más cosas” y “podemos seguir hablando otro día”.