Seleccionar página

El trabajo y dedicación de las personas profesionales de Enfermería que han atendido y cuidado directamente a personas con la COVID-19 a lo largo de la pandemia ha tenido distintas consecuencias en su salud física y psicológica. Una de ellas es que más de un 37% de las enfermeras y enfermeros en activo han sufrido los síntomas de la enfermedad.

Una incidencia de la enfermedad entre las profesionales de Enfermería que constituye un importante elemento de juicio para poner más en valor, si cabe, la labor realizada por esta parte del personal sanitarios durante muchos meses en los hospitales, centros de salud y centros sociosanitarios de nuestro país, según informa el Sindicato de Enfermería, SATSE.

En concreto, han sido un 37,08% de los enfermeros y enfermeras consultados en una macroencuesta realizada por el propio Sindicato de Enfermería a un total de 11.645 profesionales los que aseguran haber sufrido los síntomas de la enfermedad. Un porcentaje que contrasta con el del 10% de la población española afectada por la COVID-19, de acuerdo con los datos de la última oleada del estudio nacional de seroprevalencia realizado por el Ministerio de Sanidad.

La organización sindical subraya que, al ser muy conscientes desde el primer momento de la severidad y virulencia de la actual pandemia, las y los enfermeros se pusieron a disposición de sus respectivos responsables para trabajar en paliar todo lo posible las graves consecuencias de la enfermedad en millones de personas.

“Sin protección en las primeras semanas, sin descanso y sin apoyos suficientes, las enfermeras y enfermeros han atendido y cuidado de la mejor manera que las fuerzas y los medios les han dejado a los pacientes y al conjunto de la ciudadanía en cuyo rostro veían el lógico miedo y preocupación por no saber qué podría ocurrirles a ellos y a sus seres queridos”, apuntan desde SATSE.

Asimismo, el Sindicato de Enfermería incide en el hecho de que estos profesionales sanitarios fueron durante mucho tiempo, y siguen siéndolo, el nexo de las personas enfermas con sus seres queridos, así como su única compañía y apoyo a la hora de enfrentarse con las consecuencias de la enfermedad en todos sus aspectos (físico, psicológico y emocional).

Se trata de una sobrecarga y tensión laboral no exenta de complicaciones para su salud y seguridad, como constata la encuesta de SATSE. Dicha sobrecarga se ha visto reconocida por el conjunto de la ciudadanía de nuestro país de manera permanente al ser muy consciente de su decisivo papel a la hora de combatir esta grave crisis de salud pública.

“Transcurrido ya más de un año desde el inicio de la pandemia, las enfermeras y enfermeros siguen aportando su profesionalidad, responsabilidad y compromiso con la sociedad para que la salud y seguridad de cualquier persona sea lo primero, independiente del lugar en el que resida o los medios de los que disponga”, añaden desde la organización sindical.