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La revista médica inglesa The Lancet ha publicado el artículo “La seguridad del paciente: el valor de la Enfermería”. En el mismo se pone de manifiesto que la profesión de Enfermería nunca ha sido más visible como en la actualidad, ya que ha sido uno de los principales focos de atención durante la pandemia de COVID-19.

La publicación ha sido firmada por Amanda J Ullman, profesora de la Escuela de Enfermería, Obstetricia y Trabajo Social de la Universidad de Queensland y trabajadora en el Centro de Investigación en Salud Infantil y en el Servicio de Salud de Salud Infantil del Hospital de Queensland (Australia); y Patricia M. Davidson, profesora de Enfermería y vicerrectora de la Universidad de Wollongong (Australia).

A lo largo del artículo se expone la importancia de una profesional de Enfermería competente y con credenciales; sin embargo, tal y como apuntan, en muchos entornos sanitarios es difícil de alcanzar una fuerza laboral de Enfermería sólida y un sistema de salud seguro.

Según indican las autoras, “las enfermeras comprenden más de la mitad de la fuerza laboral cualificada del cuidado de la salud en todo el mundo y tienen un papel esencial en los resultados de los pacientes. Sin embargo, su contribución no siempre es valorada o reconocida”.

El Informe sobre el Estado Mundial de la Enfermería 2020 de la OMS destacó los desafíos en la nomenclatura que rodea al título profesional de Enfermería y la heterogeneidad de las vías educativas, así como la importancia de las enfermeras para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la cobertura universal de salud.

Resultados del estudio sobre ratios mínimas de enfermeras por paciente

Gracias al estudio “Efectos de la legislación sobre la relación enfermera-paciente sobre la dotación de personal de Enfermería y la mortalidad de los pacientes, los reingresos y la duración de la estancia: un estudio prospectivo en un panel de hospitales”, se ha demostrado nuevamente que las enfermeras son un recurso clave para lograr la seguridad y supervivencia en el paciente. Publicado también en The Lancet, Matthew McHugh, catedrático y profesor de Enfermería en la Universidad de Pensilvania (EE. UU.), y otros colegas de profesión han llevado a cabo la investigación.

En Queensland, Australia, se establecieron ratios mínimas de enfermeras por paciente en hospitales seleccionados en 2016. McHugh y sus colegas obtuvieron datos sobre las características de los pacientes y los resultados de más de 400.000 pacientes médico-quirúrgicos, así como datos de encuestas a 17.010 enfermeras en un panel de 27 intervenciones y 28 hospitales de comparación, antes y después de la implementación de la política de ratios mínimas de enfermeras por paciente. Entre hospitales de intervención y de comparación, se evaluaron 231.902 pacientes al inicio del estudio en 2016 y 257.253 pacientes en el período posterior a la implementación, en 2018. Como resultado, se observó que la política de mínimos de enfermeras por paciente en los hospitales de intervención se asoció con reducciones en la mortalidad a 30 días. Además, la duración de la estancia hospitalaria disminuyó en ambos grupos, pero la reducción fue mayor en los hospitales de intervención que en los hospitales de comparación.

Según indican en el artículo, dicha política se implementó de manera viable y sostenible dentro del sistema de salud financiado con fondos públicos del Gobierno australiano, con considerables implicaciones de ahorro de costes.

Referencia para otros sistemas de salud

La defensa y la evidencia a través de estudios en torno a las políticas relativas a la fuerza laboral de Enfermería y la seguridad del paciente han ido en aumento durante décadas. Asimismo, en diversas investigaciones se ha mostrado la obtención de mejores resultados cuando se dan niveles más altos de educación en Enfermería, pero estos se han limitado principalmente al área de cuidados intensivos.

No obstante, Ullman y Davidson hacen hincapié en el hecho de que las enfermeras continúan siendo el objetivo de medidas de ahorro de gastos a corto plazo, ya que suponen la fuerza laboral más grande en el cuidado de la salud.

Según exponen, la salud no se trata solo del hospital, la mayoría del personal sanitario y los estudios de preparación educativa se han centrado en la atención aguda, pero existen otras áreas que requieren atención urgente: el cuidado en residencias de personas ancianas, las enfermedades no transmisibles y la Salud Mental. En esta última, recalcan la importancia de la coordinación entre los sectores sanitario y social.

Las autoras hacen un llamamiento por la necesidad de realizar con urgencia más estudios sobre el papel de la Enfermería en entornos comunitarios y de Atención Primaria.

Preparación de la fuerza laboral de Enfermería para el futuro

Ullman y Davidson señalan que la pandemia de la COVID-19 podría ser la primera del siglo XXI, “pero no será el último desafío de salud al que nos enfrentemos. El envejecimiento de la población, la creciente carga de enfermedades crónicas y el aumento de las desigualdades en salud son los principales desafíos que enfrenta la sociedad”. Por ello, recalcan que se necesitan “desesperadamente” estrategias para crear un equilibrio entre las necesidades de la población y la disponibilidad de los profesionales en medicina.

Las autoras apuntan que el trabajo de McHugh y sus colegas ha proporcionado lecciones importantes sobre lo que se necesita para garantizar la seguridad del paciente y estas enseñanzas deben considerarse en el contexto de una estrategia amplia de la fuerza laboral. “La construcción de una fuerza laboral de Enfermería sólida está indisolublemente vinculada a los resultados de los pacientes y debe ser fundamental para la planificación de los servicios de salud”, concluyen su artículo.