Seleccionar página

Los efectos secundarios de la pandemia de COVID-19 empiezan a ser cada vez más evidentes. Las jornadas maratonianas de trabajo, la carga asistencial, la incertidumbre y el impacto emocional derivado de la cantidad de pacientes que colapsan hospitales y centros de Atención Primaria a causa de la COVID-19, han pasado factura a la salud mental de los profesionales sanitarios de primera línea.

Con motivo de la conmemoración del Día Mundial de la Depresión, el próximo 13 de enero, cabe recordar que el 68% de las enfermeras y enfermeros presenta distintos tipos de niveles de ansiedad y depresión, apareciendo también trastornos del sueño como el insomnio en un 38%, algo que está generando un alto porcentaje de bajas y poniendo en jaque a todo el Sistema Nacional de Salud.

“Las enfermeras llevan mucho tiempo viviendo en una situación de precariedad laboral, con escasez de personal y contratos temporales que a veces sólo duran unos días y, si a todo esto, le sumamos el cansancio, la desesperanza y el estrés propio de la pandemia; unido al aumento de las agresiones al personal de Enfermería, el colectivo ha llegado claramente a su límite”, explica Pedro Soriano, enfermero de la Comunidad de Madrid y experto en comunicación del paciente digital, más conocido como Enfermero en Red por las redes sociales.

La clave para la mejora de la salud mental de este colectivo radicaría, entre otras cosas, en la mejora de las ratios de enfermeras y pacientes. Actualmente, hay cinco enfermeras por cada 1.000 habitantes, mientras que el ratio medio en la UE es de casi nueve enfermeras por cada 1.000 habitantes.

En un comunicado enviado por Soriano se señala que, además, tal y como ha denunciado el sindicato de Enfermería SATSE, lo prometido por el Gobierno regional de Madrid no se ha cumplido. No solo no ha aumentado el personal, sino que ha disminuido la plantilla en 184 enfermeras menos en noviembre de 2021 (último dato publicado) que en diciembre de 2020. Sumando, además, que 439 enfermeras, tanto de Atención Primaria como Hospitalaria, están de baja por COVID actualmente, por lo que las plantillas se reducen aún más.

Mayor formación y mejor comunicación

Soriano aboga también por “mejorar los circuitos de comunicación con nuestros gestores, a pesar de la brecha generacional, para elaborar protocolos seguros de atención a nuestros pacientes y obtener información fiable frente a la COVID-19, el reconocimiento de las especialidades con unas bolsas de contratación actualizadas y transparentes, que valoren nuestra experiencia, formación e investigación de manera justa”. Asimismo, añade, “no debemos dejar de lado la formación en habilidades de comunicación afectiva y efectiva tanto en las redes sociales como fuera de ellas, y por supuesto, formación en el cuidado emocional de las enfermeras”.

La formación sobre la COVID-19 en estos momentos es fundamental, actualizando la información según las nuevas variantes, reforzando las medidas de seguridad y garantizando las necesidades básicas del personal.

“Los enfermeros y enfermeras tenemos que sentirnos seguros y que nos aseguren un buen descanso y una alimentación adecuada”, concluye.