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En opinión de Ana Isabel García Martín, supervisora de la Unidad de Hospitalización de Urología del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, de Madrid, las dudas más comunes en las mujeres que acaban de ser diagnosticadas de síntomas del tracto urinario inferior (STUI) se centran en aspectos relativos a la efectividad del tratamiento, reducción de los síntomas urinarios, progresión de la enfermedad, recuperación de la calidad de vida y la necesidad del uso de técnicas invasivas para el tratamiento.

Es clave tener en cuenta que el diagnóstico de las enfermedades con STUI provoca un impacto negativo que dificulta la concienciación del problema, la adherencia al tratamiento y los cambios en los estilos de vida.

La mayoría de las mujeres sienten vergüenza y adoptan medidas de protección que aumentan su seguridad, y solo consultan con el profesional cuando les provoca una alteración importante en su vida diaria.

En líneas generales, las mujeres, cuando tienen pequeñas pérdidas involuntarias de orina, creen que es un problema asociado a la edad y retrasan la consulta de sus síntomas y la instauración del diagnóstico y el tratamiento.

Vida laboral

Normalmente, “viven su enfermedad en silencio y la familia desconoce el problema. Sienten vergüenza y preocupación por la ropa mojada y el olor que puedan ocasionar los STUI”, detalla la especialista que “si la mujer no trabaja, limitará sus salidas a aquellas que sean imprescindibles, visitas médicas, compras de alimentos, recoger niños del colegio…, y evitará los viajes largos y restringirá su vida social. Por el contrario, si la mujer desarrolla una actividad laboral, se verá obligada a utilizar los aseos públicos con mayor frecuencia, lo que la obliga a dar explicaciones constantemente de por qué tiene que abandonar su lugar de trabajo. Si no tiene esta posibilidad, utilizará protección íntima intensa que absorba las pérdidas de orina, lo que ocasiona cambios frecuentes de los protectores y la utilización de perfumes para disminuir el olor”.

Y es que los STUI tienen una gran repercusión psicológica que se debe tener en cuenta porque producen temor, inseguridad, ansiedad, obsesión, depresión, culpabilidad y pérdida de autoestima.

A la hora de buscar apoyo y ayuda en su entorno familiar, la especialista apunta a que depende de la estructura familiar y la relación establecida entre sus miembros.