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A pesar de los alarmantes datos entorno a la enfermedad de Alzheimer, con 800.000 pacientes en la actualidad y 40.000 nuevos cada año, el diagnóstico temprano de esta enfermedad es todavía un talón de Aquiles para el sistema sanitario. Ante esta situación, explica Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería, “la enfermera tiene mucho que aportar en la detección de los primeros síntomas. Son profesionales que están acostumbradas a ver a los pacientes a diario -toma de tensión, curas, educación para la salud…-, son su profesional de referencia y, al final, forma parte de su círculo más cercano”. Por ello, tienen una posición privilegiada para poder detectar posibles síntomas y derivar al paciente a un especialista.

En este sentido, Ana García, enfermera de Atención Primaria y miembro de la Confederación Española de Alzheimer (CEAFA), comenta cómo en el día a día del paciente “detectamos que se les olvidan las citas, no siguen bien su control de azúcar, no toman bien la medicación… Esas cosas son las que nos hacen encender la luz de alarma y plantearnos que algo ‘raro’ está pasando”.

Se constata igualmente que, tanto centros de salud como en los hospitales, las enfermeras son el profesional de referencia de los pacientes. “Son profesionales a los que conocen con nombre y apellidos y con los que tienen espacios de intimidad para comunicarse y expresar sus dudas y problemas. Muchas veces, los primeros síntomas pasan desapercibidos para sus familias y deben ser las enfermeras las que cojan las riendas y hagan una detección precoz”, afirma el presidente del Consejo de Enfermería.

Coincidiendo con la celebración, el 21 de septiembre, del Día Mundial de la enfermedad de Alzheimer, la Organización Colegial de Enfermería pone el acento en el infradiagnóstico de la enfermedad y en la carga que supone para los cuidadores en el ámbito de la familia: “lo cierto es que existen muchos más casos de los declarados, ya que hay muchos pacientes que están siendo atendidos en su casa por familiares o simplemente están sin diagnosticar”, señala Pérez Raya.

Aprender del cuidador

También la figura del cuidador es muy importante durante toda la enfermedad. “Los sanitarios debemos escuchar e interactuar con los cuidadores principales, héroes de nuestra sociedad, sin ayudas ni reconocimientos. Porque ellos conocen tan bien la situación que atraviesan que, a veces, ofrecen pistas clave a las enfermeras sobre pequeños detalles que pueden mejorar los cuidados y el bienestar del paciente”, asegura .

En opinión de Manuel Lillo, enfermero, subdirector de la Clínica HLA Vistahermosa de Alicante e investigador del proyecto de cuidados en la demencia “Palliare” de la Comisión Europea, “tenemos que aprender mucho de los cuidadores. En el estudio observamos que ellos tienen la clave: muestran estrategias para que no se agiten, adaptan contextos, realizan ejercicios sencillos de estimulación cognitiva… Gracias a ellos, nos hemos dado cuenta de que debemos volver a lo básico, a unos cuidados humanizados y de calidad para procurar que vivan de la mejor manera posible. Y para esto, las enfermeras son las que están mejor posicionadas”.

Tabúes

Para Pérez Raya, al diagnóstico tardío se suma el miedo a confesar que se padece Alzheimer. “Sigue habiendo demasiados tabúes en torno a este grupo de enfermedades. Cuando el paciente detecta que sufre, por ejemplo, pérdidas de memoria o cierta torpeza mental, lo habitual es que intente ocultarlo o negarlo. No debe resultar fácil asumir un destino así cuando te invade el miedo”.